Wednesday, January 7, 2026

nec - 3er

con toda la franqueza del mundo, Doris confesó que con un sólo suspiro suyo se azotan las ventanas de su casa.  

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Con las lluvias de ese invierno y la sobreabundancia de manzanas verdes, las desavenencias solo se multiplicaron; don Pedro se expresaba desde su ira cada día con mayor facilidad y el silencio de doña Soledad, que le tenía la piel fría como espanto, tensaba el aire de cada cena hasta trizar de la presión la loza china que el hermano de Soledad consiguió a envidiable precio en Istanbul, y que fuere su regalo de bodas para la enigmática pareja.

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