Sueño bastante.
No sé si ya soy un soñador,
pero me hacen vibrar
cosas que no existen.
Soñé que huíamos a un bosque de murtas,
tomamos nuestras manos como si fuera parte de una liturgia.
Me hacía sentir cerca de algún hogar,
bajo una milagrosa temperatura.
Un par de criaturas silvestres,
besándose bajo transparente lluvia
transforman la fidelidad en agua.
En los paseos extraordinarios se fallece a cada instante;
y de esas muertes se resucita al despertar.