cuando el calor
en esta ciudad latina
haya sido gentilmente elevado,
por el ruido del sol,
por sus habitantes,
y el latido vibrante de este músculo
que ofrece definición a lo errante:
envueltos en una brisa de veintiséis grados
acogedores incluso se tornarán
los sólidos muros de piedra fría,
que yacen en esta calle
por años,
décadas
siglos.
Diario de Laboratorio, día 37
4 years ago
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