
Desenrreda al deshacer, no te ahogues más alma en desgracia y malaventurada. Despierten al niño del sueño sublime que lo está agotando con sus vórtices y vueltas sin sentido, diganle que el mundo siempre estará hecho de esto. El afecto se ha vaciado y no quedó rastro, cuarenta y dos horas te tomó matar.
Ahora bésale los pies a la miseria mientras alza sus alas y se eleva hasta parecer la figura más espléndida. La señora Lástima no tardará en tocar tu puerta, pero dejala cerrada y esconde la llave porque no se la merece.
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